RECIFE, 13 DE DICIEMBRE DE 1982

Geraldino Brasil

De una carta de Paulo Hecker Filho te remito los siguientes apartes:

X504: nunca imaginé un seudónimo tan descaradamente inesperado. En Colombia es relativamente conocido, ya que hace más de treinta años que se muestra como poeta genial, crítico y cuentista. En el tercer mundo no es fácil destacarse. Y menos con ese nombre. Los amigos de su grupo le llaman coloquialmente sólo con la X.

Una X que es la más lírica de las incógnitas. X surrealista, modernista, whitmaniano (como Pessoa), expresionista, absurdista. Todo eso, y nada de eso: él mismo, con una libertad que, por la intuición poética, se permite todas las osadías sin quedar mal.

“El secreto de mi estilo está en que escribo siempre desnudo”, le confesó a su amigo Gonzalo Arango, en una entrevista radial. Al terminar de leer, conmovido, Los poemas de la ofensa, su libro de 1968, lo intenté. Tiré la ropa, me senté a la máquina de escribir, y efectivamente me sentí otro, mas, infelizmente, no X504. Tuve que aceptar que permanecer desnudo es un arte complejo que requiere aprendizaje. X es el que sabe de eso. Como pocos en la literatura.

Hace poco, reveló al público el misterio por tanto tiempo ocultado. Resultó que, civil y banalmente, era Jaime Jaramillo Escobar, el atareado director de una agencia publicitaria. En una de sus pocas entrevistas, cuenta: “Trabajo día y noche. Los poemas los escribo dormido”.

La suya es una poesía realista y fantástica, humorística y trágica, excesiva como la vida misma. Ella habla del autor mejor que yo, mejor que nadie. El gran lírico es un consumado artista. Permítanme que la reproduzca en portugués, para facilitar su conocimiento acá, dado que está construida en una aparente forma de la prosa.

G. B.