RECIFE, 4 DE FEBRERO DE 1983

Geraldino Brasil

Recibí de Paulo Hecker una carta en la que dice: “Hay en los poemas de Jaime, en medio de su aceptación de la vida, un desgarramiento que me toca mucho”.


Mañana viajaré a Maragogi. Debo supervisar la construcción de la casa. Por aquella calle voy a la panadería, y al pequeño mercado en la placita. Poblado silencioso, de calles solitarias, hasta que se oye gritar al pastor protestante que el demonio viene por la televisión. Siempre soy el único que va, el único que regresa. Sin embargo, a la hora del desayuno el pan está en todas las mesas. Y sale de las casas el olor a pescado frito, sin que se haya visto a nadie llevar pescados. En la playa no se encuentra ningún lugareño. Sólo forasteros, venidos de lejos. Para los creyentes es pecaminoso bañarse en el mar. Yo, por bañarme en el mar y fumar cigarros, renuncié a Jesús, tengo el diablo adentro, e iré para las profundidades del infierno. En la inocente Maragogi hay muchos condenados al infierno. Por causa de mi cigarro, yo estoy lejos de Jesús. Él, que convirtió agua en vino para prolongar la fiesta.

G. B.