El cosiámpiro y el cosiampirito

Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2007 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 44-45, n.º 76-77

Sobre Breve diccionario de colombianismos, Academia Colombiana de la Lengua — Gráficas Visión J. P., Bogotá, 2007, 250 págs.

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La Academia Colombiana ofrece la tercera edición («revisada y actualizada») de su Breve diccionario de colombianismos, en grata edición de lujo (pasta dura, finas guardas, clásica sobrecubierta), como corresponde a su categoría. Contiene 2.180 entradas. Las ediciones anteriores datan de 1975 y 1992.

Las academias atienden a las voces populares porque son su esencia. El purismo constituye una pretensión absurda, que se opone a la renovación del español —derivado de otras lenguas—, así como al experimentalismo y la creatividad, sin los cuales Huidobro no hubiera sido posible. Los regionalismos más extendidos y los neologismos necesarios se encuentran comúnmente en los diccionarios populares, con indicación de su procedencia.

En las páginas iniciales (dieciséis sin indicación de folio), se relacionan publicaciones análogas de diversa autoría, incluyendo una en dos tomos, y se explican el marco y la intención adoptados: «El adjetivo Breve, que encabeza el título del presente repertorio, está indicando que su objetivo es mucho más modesto y limitado que los de extensos trabajos anteriores. Nuestra labor ha estado encaminada a reunir un conjunto de voces y expresiones que constituyan un cuadro representativo de las peculiaridades léxicas del español en Colombia por los tiempos que corren, sin pretender, ni de lejos, recoger exhaustivamente todo ese caudal».

El párrafo citado señala límites que determinan el alcance de la obra en razón de su propósito. Por tal motivo, no resultan procedentes las glosas sobre su factura y contenido. Puesto que se trata de un compendio de colombianismos, parece lógico que también éstos se empleen en formas gramaticales propias del país. Como cualquier otro diccionario, admite adiciones y precisiones. De hecho, ya se ha revisado tres veces. En español hay muchas cosas discutibles. No es una doctrina. Algunas erratas, así como los comunes errores que se deben considerar de digitación (lo cual resultaría comprensible e irrelevante en otro editor), se hacen notorios por su procedencia. Pese a las observaciones preliminares, la utilidad del diccionario podría resultar disminuida por la falta de muchos términos de uso popular, aunque en realidad los lexicones se complementan unos a otros. Colombia sería el país mejor hablado del mundo hispánico si sólo se registraran 2.180 voces autóctonas, cualquiera que fuese su formación.

Dada la amplitud del tema, el volumen amerita un estudio. A modo de comentario marginal se incluyen algunos ejemplos saltones de casos dudosos, que no significan sugerencia ni nada. Pueden verse como segundas acepciones, complementos o palabras no incluidas.

Pág. 2, abuelita. Balancín construido con esmero, acojinado y cómodo para su uso. La abuela está sentada en su abuelita. (¿En su mecedora?).

Pág. 19, arruncharse. Juntarse las parejas en arrumacos.

Pág. 21, atao. Bulto de trapos.

Pág. 26, baboso. También: mentiroso, pajudo, que habla mucho.

Pág. 26, bacán. Si figuran bacanería y bacano, debería aparecer todo el parlache, pues ésas son algunas de sus voces emblemáticas. Además, se ha convertido de metalenguaje en dialecto que aspira a remplazar el español con ayuda de profesores en colegios y universidades, y de medios masivos de comunicación.

Pág. 27, bahareque. Figura en el Pequeño Larousse, 1978. A la tierra que se estima apropiada se mezcla bosta como aglutinante para fraguar.

Pág. 28, basuco (o bazuco). Si la ortografía se define por el uso general, se escribirá con z. El propiamente dicho no incluye marihuana en la mezcla. Cuando se agrega marihuana se denomina diablito. Desde luego, la terminología popular suele ser cambiante por motivos conocidos.

Pág. 29, batería. Utensilios de cocina, también llamados chismes.

Pág. 30, beneficiadero (de café). También beneficio.

Pág. 37, buñuelo. Inexperto. Estar muy buñuelo. También: hombre grueso, acuerpado.

Pág. 72, chulavita. Los chulavitas fueron reclutados inicialmente en la localidad de Chulavita. De ahí su nombre. El término pasó a designar policías forajidos, ignorantes y fanáticos, destinados a imponer el dominio mediante el terror, principalmente en campos y poblaciones atrasadas e incultas. Desde entonces han persistido con diversos nombres y modalidades.

Letra C, cosiámpiro. Cosa, objeto del que no se sabe o recuerda el nombre. Cosiampirito. Objeto pequeño, íd.

Letra P, pechichona. Muchacha agraciada y mimada.

Pág. 87, tarrali. Debe ser palabra aguda.

Página tras página se pueden formular observaciones de este tenor. Pero no es el estudio. Es sólo la reseña. Quédese usted con el cosiámpiro. Yo me quedo con el cosiampirito.

Jaime Jaramillo Escobar