Libros aparentes
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2004 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 41, n.º 66
Sobre Charalá: en marcha comunera, de Jairo Cala Rodríguez y otros — Pirámide, Charalá, 2004, 48 págs., il.
El libro se llama de Historia, lo cual se hace constar en todas sus páginas. Contiene algunos datos históricos conocidos, pero no es la historia de Charalá. Es un volumen promocional bilingüe. Es también otras cosas: publicidad política de una administración municipal. Puesto que su propósito es múltiple, debe verse de varias maneras.
Para ser historia le falta mucho. Pero el nombre de historia le conviene, porque constituye atractivo y le da aparente importancia. Sólo tiene cuarenta y ocho páginas: sumarán unas ocho en español, tres el resumen en inglés, y el resto la parte gráfica, intercalada con el texto. Evidentemente, no es la historia de Charalá, en tan pocas páginas, con letra grande y blancos generosos.
En cuanto a promoción turística, aunque se señalan con el dedo meñique algunos lugares, nada se dice de hoteles y albergues, de seguridad, de vías de comunicación, de esparcimiento ni de atractivos para los visitantes, con su respectiva, clara y completa información. No se atrae a turistas extranjeros con descripciones como ésta: «Alto del Río Fonce, casa de arroyuelos, estepa natural donde el tamarino ruboriza con su tono el paisaje plasmado sobre el manto cristalino de sus aguas». Es una redacción del siglo XIX, que hoy suena ridícula. Si el principal propósito es turístico, debieron asesorarse de especialistas para no perder la inversión y el esfuerzo de aficionados de buena voluntad, pero sin la especialización que requiere esta clase de empresa. Las fotografías están lejos de ser profesionales, y muchas de ellas aparecen distorsionadas de modo inaceptable para cualquier principiante, con el propósito de forzar el tamaño más allá de los recursos técnicos.
Casi todas las historias de pueblos en Colombia presentan los mismos defectos: ignoran el español («…y en sus aguas quedó grabada las ilusiones de un gran amor…»), inventan citas en latín, sobrevaloran sus bienes naturales y culturales, magnifican su pasado, y a la vuelta de pocos años, esperan adquirir —para orgullo de todos— los problemas de una ciudad grande.
Editado con lujo pueblerino, la redacción debe corresponder a la categoría que se pretende, y por eso a una carreta común se le llama vehículo compactador de tracción humana, y se muestra la fotografía acompañada con una escoba de bruja. Los ríos locales se personifican poéticamente, y se dice: «Los ríos Pierna y Táquiza, quienes con su cadencioso trasegar por entre pastizales y labranzas…». Un apreciado caballero pasa a ser el padre de la odontología, y el cuadro se completa con la cestería, la artesanía rústica y el folclor.
Si el libro no es la historia, ni una selección fotográfica, ni tampoco sirve como guía turística —porque una guía turística no se hace así— ¿entonces qué es? Un propósito político: «Sólo busco afianzar nuestra amistad», declara el patrocinador en la tarjeta de presentación. Eso explica otras particularidades, que el lector detecta con su malicia indígena.
El diseño del libro es típico de los impresores que carecen de experiencia editorial, y no tienen la precaución de mirar algunos buenos ejemplos para aprender cómo se hace. La tarjeta de presentación se adhiere a la guarda puesto que el libro carece de hojas de respeto, portadilla, falsa portada, página de créditos, dedicatoria (por eso se agrega una tarjeta), contenido o índice, y otras cosas más que no se pueden poner aquí porque ésta no es una clase elemental de diseño gráfico. Los créditos (incompletos) figuran en un recuadro inferior en la primera página, como si se tratara de una revistilla de segunda clase, costumbre de falsa modestia que ha llegado a los diarios. Y todo empieza con la crónica mal contada de un samán —el samán—, pero ilustrada con una epifita paramuna. Los pies de grabado correspondientes a la parte en inglés se presentan indistintamente en una u otra lengua, ya que en esa parte también hay insertos en español. Hacer algo mal cuesta lo mismo que hacerlo bien. Pregúnteselo a las obras públicas.
Jaime Jaramillo Escobar