Reflexiones sobre el amor
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2016 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. L, n.º 91
Sobre La luz imposible, de Jorge Valencia Jaramillo — Pijao Editores, Ibagué, 2012, 237 págs.
La obra en mención se referencia como «Antología personal» y constituye una síntesis de cuatro poemarios: El corazón derrotado (1992), Memorias de la muerte y el amor (1996), El silencio de la tormenta (2001) y La felicidad en la sombra (2004).
El tema principal es el amor, con un prólogo revelador, como siempre debiera ser, ya que el más indicado para presentar su libro es el propio autor.
Con desprevenida generosidad, en sincero y amable gesto de cercanía con el lector, el poeta expone con honesta sencillez la génesis e intención de sus composiciones y su razón estética.
Dice que escribió inicialmente para sí mismo, en la reserva de su intimidad, sin pretensiones publicitarias (que no necesita). Poco a poco los poemas se fueron filtrando, hasta que se abrieron paso en libro. El presente contiene ciento noventa y cuatro textos, algunos de máxima concisión (epigramas), y el más extenso (ocho páginas) subtitulado como fragmento. La extensión de cada uno poco importa. Importan la sabiduría, el sentimiento, la actitud ante el mundo, el propósito y el rigor expresivo del arte literario. La contratapa señala «La extraña virtud de no parecerse a ningún otro».
Los poemas de amor suelen caer en el desprestigio de la misma eterna repetición, siendo a la vez todos en primera persona de sus autores, porque la segunda es ella, la ingrata e infiel, o en caso contrario el desgraciado, infame y mentiroso y etcétera. Pero el autor le confiere dignidad al tema, colocándolo a la altura de los famosos epigramas de Ernesto Cardenal.
La explicación del título está en el poema Tus ojos [pág. 55]: «Tus ojos traicioneros / radiantes como siempre. / Y yo ciego, ciego, / caminando sin luz / por la vida / buscando a tientas / el amor».
Después de los extravagantes experimentalismos del siglo XX en español (que a nada nuevo condujeron) resulta necesario volver a la cordura.
Según novísima costumbre, la literatura y con ella la poesía, suelen mezclarse erradamente como entretenimiento en las páginas populares de farándula, deportes y variedades de los medios de comunicación. Nada más absurdo. Existe, sí, una lúdica en el arte, y también es común una narrativa de distracción para cierto tipo de lector, pero ni la poesía ni la prosa literaria son fácil y vana futilidad. No es posible que algo que al autor le costó una vida de serio y doloroso trabajo se rebaje con ligera mentalidad a pasajera diversión. Que La montaña mágica de Thomas Mann, o El juego de abalorios de Hermann Hesse, queden clasificados en la prensa como simples obritas de pasatiempo para imbéciles, no habla muy bien del periodismo colombiano.
Por mera curiosidad sobre criterios, cabe anotar que no figuran en la antología de autor seis poemas seleccionados en el volumen Medellín en la poesía (ITM, 2006), que representa doscientos años del género en Antioquia.
Este cronista hizo el ofrecimiento público del libro, en agosto del 2012, con las siguientes palabras:
La Biblioteca Pública Piloto tiene el gusto y el honor de presentar al doctor Jorge Valencia Jaramillo, con motivo de la publicación de su antología titulada La luz imposible, poemas sobre el amor, el olvido, el tiempo y la muerte.
Reconocido en Medellín por ser antioqueño, y haber dejado su impronta como alcalde de la ciudad, redundante sería enumerar en esta ocasión los merecimientos obtenidos en sus múltiples actividades. Si intentásemos hacerlo, la sola lista de sus títulos profesionales y honoríficos desbordaría el limitado marco de esta introducción. Baste decir que Google ofrece millones de entradas con su nombre.
Si se me permite una referencia personal, debo decir que conocí al doctor Jorge Valencia Jaramillo siendo él alcalde de la ciudad, con motivo de la visita que hicimos una tarde, en compañía del doctor Otto Morales Benítez al poeta Ciro Mendía, con el propósito de hacerle entrega oficial de la distinción que se le confería, representada en el Hacha de Antioquia, y la edición de la antología de sus poemas, preparada en Bogotá por el Banco de América Latina.
En aquella ocasión fuimos caminando desde la Alcaldía (hoy Museo de Antioquia), hasta la plaza de Zea, porque en ese tiempo los mandatarios democráticos eran queridos por el pueblo, que los saludaba a su paso quitándose el sombrero, y no necesitaban salir con ruidosas y atemorizadas caravanas de escoltas, demasiado armadas y prevenidas.
El maestro Ciro Mendía escuchó con toda modestia, en su sencilla vivienda, las palabras de reconocimiento y recibió los honores que sinceramente se le ofrecían, por parte de un selecto grupo de invitados en representación de las autoridades y la ciudad de Medellín.
Debido a su ceguera, sólo pudo sentir en la calidez del acto el amor que se le profesaba, y adivinar sin duda cuánto fervor había en los sentimientos de todos cuantos nos congregábamos a su alrededor para reconocer al maestro, al poeta, al sabio y al caballero que siempre fue, pese a la adversidad de la fortuna.
En la noche de hoy el poeta es Jorge Valencia Jaramillo, a quien esta casa recibe con admiración y afecto, como señero escritor y hombre público ejemplar, de reconocida honestidad y eficacia, y generosa dedicación al servicio de Colombia en las altas responsabilidades que le han sido confiadas.
Para terminar, debe anotarse la sorpresa que causa que un hombre como él, de tan altas ejecutorias, no tenga inconveniente en presentarse en público ejerciendo el desprestigiado oficio de poeta, que era lo último que le faltaba.
Concluido el acto, el doctor Luis Alfredo Ramos (gobernador de Antioquia, 2008-2011) se acerca para decirle en tono confidencial al redactor de esta reseña: «Existen otras profesiones más desacreditadas que la de poeta». El doctor Valencia Jaramillo no alcanzó a escuchar eso, que aquí se publica para tranquilizar su conciencia.
Se supone que una reseña sobre un libro de poemas debe incluir siquiera uno de ellos para que se entienda cómo es la cosa. Se verá en el siguiente:
acto de fe
(Autorretrato)
Dicen los textos sagrados,
todos los textos,
que tener fe
es creer lo que no vemos.
Y yo
—qué suerte la mía—
que siempre fui tan racional,
tan analítico.
Yo, tan hijo de Santo Tomás.
Yo, en fin, que soy descendiente
de Copérnico, Galileo, Newton y Descartes.
Yo, en fin, que he practicado sin desmayo
el principio de «ver para creer»,
apenas ahora
—después de tantas cosas—
he venido a entender
que es verdad que tú me quieres.
Porque fe
es creer lo que no vemos.
[pág. 66]
Jaime Jaramillo Escobar