BOGOTÁ, NOVIEMBRE 30 DE 1980

Jaime Jaramillo Escobar

Actualmente estoy terminando la traducción de Cidade do não. Creo poder enviártela para que la revises en tu tiempo libre de fin de año. Luego me dedicaré a Sonetos de sol. Mi proyecto de ir a Recife, si logro disponer de tiempo el próximo año, no es más que para comparar contigo las traducciones y obtener tu aprobación, pues me he tomado algunas libertades que necesitaré explicarte.

Por lo general, la poesía del Brasil se traduce al castellano casi literalmente, por esa pretendida fidelidad que se refuerza en el hecho de la similitud de idiomas. Me parece un defecto y un error. Tengo a la vista, entre otras, una bonita colección de poesía brasileña que se edita en Lima, pero los poetas así traducidos, sean Jorge de Lima o Cecilia Meireles, Mário de Andrade o Cassiano Ricardo, Marly de Oliveira o Fernando Mendes Vianna, qué lejos quedan de sí mismos, en esas pobres traducciones literales, en las que se evapora el alma del poema. Quizás mis traducciones puedan ser objetadas como abuso de confianza. Yo, sin embargo, sigo el método descrito por Andrés Holguín.

He modificado casi todos los títulos, como se hace con las películas para adaptarlas a un nuevo público; he cambiado de lugar algunos versos y he suprimido otros cuya correspondencia en castellano pierde sentido. Los versos suprimidos los he reemplazado por nuevos, que le pertenecen legítimamente al poema, puesto que han sido inspirados por él. Y todos estos son motivos de lentitud en las versiones, porque hay que considerar seriamente lo que se hace. Y para poder hacer eso he buscado tu información y tu amistad, y he procurado penetrar en tu alquimia. Hasta que una traducción no me conmueve, no la considero terminada.

J. J. E.