Entre señoras anda el diablo
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2018 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 52, n.º 94
Sobre La noche en el espejo y otros poemas, de Lucía Estrada — Letra a Letra, Bogotá, 2015, 47 págs.
Cuaderno de 17 × 24,5 centímetros, 48 páginas, 100 gramos. Amplias solapas, guardas en color, 700 ejemplares. Selección realizada por la autora. Trece poemas sin título. El índice da los comienzos. Otros se enumeran en romanos. Ha publicado diez libros de poesía en diversas editoriales nacionales y extranjeras. Y ha obtenido premios.
El diablo de la poesía. Que a tantos persigue y atrapa. Se dejan. Se le entregan, complacidos. ¿Habrá que decir ellos y ellas? ¿Los leones y las leonas, siempre? ¿Los gatos y las gatas? Qué estupidez. Generalizada. No han leído ni la cartilla elemental de gramática castellana. Pobres.
En el interior de la contratapa, cinco críticos avalan la publicación.
Guillermo Barquero dice: «No son poemas de lo cotidiano despierto, pero sí de la apabullante cotidianidad del sueño».
Santiago Espinosa: «El resultado es un tiempo-otro que nos ronda, de cuando las palabras se decían junto al fuego, de cuando las palabras eran el fuego y nosotros sus asombrados visitantes».
Pedro Arturo Estrada: «A lo largo de sus libros publicados es la noche el motivo esencial que obsede su escritura poética. La noche como realidad última y original, la noche como enigma, como secreto, como intimidad».
Pablo Montoya: «Otredad escrita en esa franja penumbrosa donde los seres que la habitan son visitados por la trama que convierte la desdicha en un camino y la soledad y el abandono en sus mojones más ciertos».
Juan Manuel Roca: «De dos materias: vacío y silencio, despegan los poemas de Lucía Estrada para irse poblando de formas verbales muy lejanas de la escritura automática, del rapto, pero de igual manera distantes de lo puramente conceptual».
Robinson Quintero, en el prólogo:
«Es para ser interpretado, no para ser entendido».
«Es una inspiración que no declara fácilmente sus sentidos».
«Es ese aire de poesía que no se deja asir con facilidad, el permanente misterio que la escribe, lo que le da singularidad y consistencia».
«A la poesía de Lucía Estrada la mueve el enigma que la oculta».
Dice la autora: «La verdad y la belleza son incomunicables, inaudibles, invisibles e impronunciables». Analice usted, y decida.
Contiene el libro una selección de dos obras: La noche en el espejo y Las hijas del espino. Se dirige a un «tú» innominado, que puede ser la autora misma, o quien decida el lector, porque eso es lo que pasa cuando las cosas quedan a medio decir, ocultas por capricho, por seguir alguna teoría literaria, por desvelar antiguos fantasmas.
Poesía abstracta, introspectiva. Bien escrita. Sin embargo, un poema debe tener un motivo y un propósito, si es que aspira a llegar al lector. Que el lector se apropie del poema. La poesía experimental y elitista a pocas manos llega. Esnobismo. Existe gran poesía con sentidos ocultos, que una vez desvelados, sorprenden. Pero no es este el caso. Leído el libro, poco queda.
La palabra «poema» no debe aplicarse a mínimos, pero dicen que la costumbre hace ley. Léanse, pues, algunas muestras:
XIII
De camino,
cuando solo nos habla la imagen fija
de la muerte
un nombre entre las piedras.
XIV
Su sombra, oculta en mi mano,
la inmoviliza,
la oscurece.
Pasaje sin tiempo.
Lugar no visitado.
No todos los poemas son breves. La segunda parte contiene textos dedicados a mujeres. Más comprensibles, porque tienen base histórica.
Yocasta
Si preguntaras
a la Piedra
respondería con tu nombre
el propio corazón
es el oráculo.
Djuna
Pregunto por el sueño
lentos animales
de la noche rodean mi casa.
Ifigenia
No hablé
a ningún dios
nada me ha sido dado escucharles.
Sin embargo
todo en mí
sobre esta piedra
les pertenece.
No todos los poemas son breves y abstrusos. Tienen sentido, por ejemplo, «Clara Westhoff» y «María Dmitrievna Isaiev». La buena voluntad y la imaginación pueden ayudar, pero un libro de poesía no debe estar sometido a esas virtudes del lector. Existe la poesía compleja que obedece a teorías, y la poesía de comprensión general, que es la que tiene vocación de permanencia. Cada quien escoge, y el público también escoge.
Si tienes algo que decir, dilo para que se entienda. Los experimentos literarios más audaces ya se hicieron en el siglo XX, y de ellos solo queda constancia en lo que se llamó vanguardias o escuelas, experimentos juveniles hoy olvidados. Sin futuro. La poesía que tiene posibilidades de perdurar es la que llega fácilmente al público.
Habrá quienes lo acojan. Para ellos fue escrito. Y eso es todo. Amén.
Jaime Jaramillo Escobar