Literatura ociosa
Reseña por Jaime Jaramillo Escobar · 2012 · Boletín Cultural y Bibliográfico, vol. 46, n.º 82
Sobre Una daga en Alexanderplatz, de Manuel José Rincón Domínguez — Panamericana Editorial, Bogotá, 2010, 122 págs.
Cuentos breves, sencillos, bien redactados, escritos con receta y astucia comercial para la frivolidad de determinado público, en una colección «Sólo para adultos». Redactar es una cosa. Escribir es otra. Lo de «adultos» no es más que un gancho publicitario. Insinúa situaciones y escenas complejas. Que nadie desconoce. Vaya usted a un colegio, para que vea. Sólo un adulto se deja seducir por la palabra adulto, que le ofrece algo reservado. Los niños, como se dice, muertos de la risa.
Da título al conjunto el último relato. Se refiere a la cacería de criminales nazis. Por eso la esvástica en la contratapa. Diagrama místico hindú de buen agüero. Adoptada por el nacionalsocialismo. Trama bien urdida. Coherente. Desenlace previsible. Texto relevante en el libro. Por eso, al final. Todo bien calculado. La daga tiene empuñadura de hueso humano. No es cosa que asuste. Existe un libro: Cuentos de terror. Sólo para niños. Los únicos que viven en un mundo de monstruos son los niños. Y los monstruos son los adultos. Para un niño de diez, el tío de treinta es dinosaurio. En el cuento se vende un objeto. Nada de abrazos, ni de besos. Si eso es lo que da título a la colección.
En el penúltimo cuento, Las casas de la señora Oortman, tampoco nada de abrazos, ni de besos. Si es eso lo que asusta al autor. Una coleccionista de casas de muñecas y miniaturas. Mucho trabajo para conseguirlas. Luego todo se va desbaratando. Como siempre. Sólo que ella había comenzado su colección al día siguiente de casada. Cuando se dio cuenta de que algo debía hacer.
El primer relato se ocupa de un voyerista. Título: El perro, el voyerista, la ambulancia y la vecina. Sólo mirar. De una ventana a otra ventana. Como todos los días, en todas partes. El perro es irreal, pero resultaba necesario colocar un perro ahí. Se trata de una técnica pictórica y cinematográfica. Cierto espacio debe ser equilibrado con un florero, una cortina, un jarrón, un perro. La vecina es joven y también bonita. A su lado se coloca el portón de un ancianato, con su respectiva ambulancia. La estridente ambulancia sale y regresa continuamente. Se perfila así un cuadro de luz y sombras. En el lógico final, la sombra lo cubre todo.
El segundo relato se titula Noche nórdica. Sucede en Copenhague, dividido en siete cuadros. Ella, él y su esposa. Nada al final. Cada uno para su casa. Ocurre a menudo, pero esta vez en Copenhague. Es el gancho del autor: escoger escenarios en Europa, como algunos europeos los escogen en América. Forma calculada de exotismo. Modo de decir: «Lalo estuvo aquí». Y no pasó nada.
El tercer relato, Una espina en mi rosa, se lee en París. Cursi el título, pero la cosa es con un pintor italiano. La burguesa casada, que se engaña con el amor de una aventura. De nada vale la comprensión del esposo. Parte con decisión a su ruina.
La pócima para Valentina Kovarikova es el cuarto relato. Se busca el elíxir del amor y la felicidad. Y lo encuentran, que es lo peor, bajo cero en el invierno de Moscú.
Sigue Los preparativos de Anastasia, en Suiza, con los delirios y pesadillas de un médico drogadicto.
El sexto relato, Tres kilos de más, se refiere a una lesbi colombiana, condenada en España por tráfico de drogas. El recurso del autor: una entrevista periodística, y la acusada canta con la locuacidad nacional.
El libro continúa con El vuelo del buitre, de nuevo en París, esta vez monólogo de un clochard en el resistero del verano, a más de cuarenta grados a la sombra. Describe las basuras de la ciudad. Nada de abrazos. Nada de besos. Es una colección «Sólo para adultos».
Después del buitre viene La mano del ángel, situado en España, relativo a un quiromántico en Andalucía, que curaba enfermedades con manos de niño extraídas del cementerio a media noche. No asustaría esto a nadie en Medellín (Antioquia), donde a partir de las doce de la noche, hasta que canta el gallo, se presentan obras de teatro tánico en los cementerios, con lleno completo. No de difuntos, sino de aspirantes a difunto.
La cantante del sol es el noveno relato, en el que un arqueólogo, examinando un sarcófago en el Museo del Louvre, descifra la historia de una sacerdotisa egipcia, sacrificada para conjurar la lluvia, según la leyenda. Nada de abrazos, ni de besos.
Luego sigue El libro en el oasis, que empieza así:
Mi abuela, Elizabeth, murió el 19 de febrero de 1986 a las once y diez de la noche. Fue durante la visita del cometa Halley, cuando el astro se encontraba en las cercanías de Capricornio, después de haber superado el paso del sol. Parecía como si hubiera quedado agotada por la soledad y el tiempo. Averiguar cómo abandonó el mundo, por poco me cuesta la vida.
Y estos son los doce cuentos y las invenciones que componen el libro. La reseña no puede ofrecerle más detalles. Sería como contarle a usted la película. Aquí al lado, en la librería del aeropuerto, se puede conseguir esta clase de libros para viajeros sonámbulos.
Conclusión: literatura ociosa. La literatura por la literatura. Surgió en el siglo XX, en manos de grandes escritores. Sin esa categoría, deviene en entretenimiento pasajero, para soñolientas salas de espera, para largos y monótonos viajes, para adaptarse al aburrimiento cuando las circunstancias atraviesan zonas muertas en el día.
Algo extraño y paradójico hay en la publicación de libros: excelentes obras nunca alcanzan reconocimiento, mientras que la pacotilla domina con su triunfante mediocridad.
Jaime Jaramillo Escobar