Nada es para siempre
Presentación del libro de memorias de Jotamario Arbeláez
Biblioteca Pública Piloto · Medellín · 27 de junio de 2002
El orden literario que comprende las biografías y autobiografías, las memorias, diarios, epistolarios, confesiones, libros de viajes y ensayos sobre vidas, constituye una sección muy visitada en la biblioteca del escritor. Sin embargo, leer biografías es muy peligroso: así fue como llegué a creerme Napoleón.
Puesto que las vidas se entrecruzan, don Baldomero Sanín Cano tituló sus recuerdos De mi vida y otras vidas, y el editor Carlos Lohlé designó los suyos como Presencias y experiencias. Mi personaje inolvidable, con ese u otro título, ha sido siempre una privilegiada sección de revista, y cuando a usted lo invitan a una reunión, no se habla de otra cosa que de vidas ajenas. El tema provoca tanto interés público, que los mismos personajes presentan su vida a la consideración general, aumentada con insólitas situaciones para satisfacer la demanda, antes de que los merodeadores la saqueen y distorsionen con la mala fe que persigue, para cobrarles algo, a quienes llegan a hacerse notorios aun sin propósito alguno. El envidioso es un individuo sin identidad, por lo cual desea asumir la ajena. Los malos chistes que se adjudican a Jorge Luis Borges, tan respetable, no pueden provenir sino de la fermentada espuma que desborda las cañerías de los bajos fondos intelectuales.
Ningún ser vivo carece de biografía, como lo demuestran las que han sido escritas sobre animales: caballos, perros, elefantes y hasta burros. Si hoy predomina la curiosidad superficial, las obras maestras del género permanecen para sustentar su prestigio. Sara Bernhardt, caminando sobre una ballena, más que un excéntrico episodio de su biografía, es una soberbia alegoría de su tiempo.
En los últimos cincuenta años el periodismo formó una nueva clase de lectores, y en consecuencia los escritores se han orientado hacia ese lector, creando con ello una literatura derivada del periodismo, que se considera inobjetable por ser de moda. Se cree que ésa es una consecuencia lógica, la forma acertada de proceder, ya que ha llegado hasta la poesía. De hecho, los libros de mayor suceso editorial suelen ser libros periodísticos, promovidos publicitariamente. Por eso, hoy más que antes, el escritor necesita definir la categoría del lector al cual se dirige. La literatura y todas las artes debieran ser para gozar de ellas; no para disputar por ellas. El verdadero arte aparecerá cuando se prohíba a los autores firmar sus obras. A eso se está llegando por la anulación del estilo. No hay para qué tener estilo, si hoy en día los correctores de estilo anulan todo estilo por el procedimiento de ajustarlo a la gramática elemental. Defino a esos correctores como nadaístas, puesto que la simplificación es el camino más sencillo y rápido para llegar a la nada.
La prestigiosa editorial Alfaguara ofrece en este acto las indiscretas memorias de Jotamario Arbeláez, aquí de cuerpo presente; no está muerto sino borracho. Cuando le conocí en Cali, a comienzos del Nadaísmo, escribía su famoso libro La frente cubierta por el cabello. Para redactar sus memorias tuvo que cambiar de look, pues no se compone una autobiografía con el pelo tapándole los ojos.
Era entonces un chico atravesado, como lo ha sido siempre, de aspecto engañoso porque parecía manso, que esos son los más peligrosos. Él dice que hacía cosas malas, pero en realidad, todo lo que hizo le pareció muy bueno.
Lo que Gonzalo Arango nos pedía era escribir poemas y cuentos. Si terminamos escribiendo autobiografías, eso ya es una deformación profesional. Puedo imaginar la risa de Gonzalo si alguien le cuenta que Jotamario ya escribió sus memorias, con el aval de X, en esta noche en que nos reímos de la vida, como lo hemos hecho todas las noches de la vida, porque para nosotros la vida siempre ha sido una cosa nocturna y risible,
sobre todo en el país
en que nos toca vivir,
donde matan a la gente
pa' que deje de sufrir,
Después llegó a Cali Amílkar U, que estaba escribiendo su novela experimental Súbete en todo mí, y se desató una rara pasión por escribir, una pasión inexplicable, encendida por Gonzalo Arango, que era pirómano. Si se le hubiera preguntado a Gonzalo por qué ponía a escribir a todos esos muchachos, no creo que tuviera una respuesta coherente. Esa manía de escribir era, desde todo punto de vista, algo irrazonable, sin fundamento, improvisado. El auténtico vicio del Nadaísmo en sus comienzos fue el vicio de la literatura y la aberración poética, no la marihuana, asociada principalmente con los famosos Cuerpos de Paz y el hippismo, de origen norteamericano. El excelente Libro Hippie, de Sergio Mondragón y Margareth Randall, que contiene la receta de la torta de Navidad de la abuela, a base de marihuana, es un libro mexicano, pero somos los colombianos los que tenemos la culpa. El verdadero dinero maldito es el que proviene del trabajo, puesto que el trabajo es una maldición bíblica.
El diario El Crisol cedió a los nadaístas, encabezados por Alfredo Sánchez, Diego León Giraldo y Jotamario Arbeláez, su suplemento literario dominical, y las tardes y noches del sábado permanecíamos tan atareados en el periódico, que de tinto, empanadas y cigarrillo no se pasaba. Los nadaístas en esos años eran tan zanahorios, que la fotografía del acto de lanzamiento del Nadaísmo en Cali muestra a Gonzalo, Diego León y Jotamario, olisqueando por primera vez una botella de aguardiente, regalada por un corruptor de menores, pues en ese tiempo la mayoría de edad era a los veintiuno. Algunos habían abandonado el Seminario para ingresar al Nadaísmo, y fue para compensar esos antecedentes que empezaron a decir que eran geniales, locos y peligrosos.
Los integrantes del grupo de Cali nos desplazamos a Bogotá hacia 1963, sin un peso, sin conocer a nadie, y sin saber a qué. Sólo con el deseo —y en eso sí estábamos locos de verdad— de ampliar nuestra experiencia como escritores. No me pregunten por qué. Fui a parar a una agencia de publicidad, gracias a un amigo chileno que me recomendó como creativo, y Jotamario se enroló en la tribu de los hippies, de la cual quedaron bellos recuerdos y tristes recuerdos, que es lo que se llama nostalgia. Los jóvenes anticonvencionales resultan siendo después los más convencionales entre todos, porque nadie escapa a sus contradicciones. Los jóvenes se dedican a transformar el mundo, y los viejos a divertirse viendo a los jóvenes transformar el mundo que ellos ya habían transformado. Cada quién habla de cambio, siempre y cuando no sea él mismo el que deba cambiar. Tengo un amigo muy ateo que vive de vender cristos. Dios le ayuda.
En agosto de 1969 regresé a Bogotá, después de varios años en Barranquilla, inicié con Gonzalo Arango la revista Nadaísmo 70, y a raíz de eso Jotamario y yo trabajamos en una agencia de publicidad durante diez años. Así fue como hicimos nuestra la divisa del hippismo: «Entre todas las diversiones, el trabajo es la que menos cansa».
La fama de vagos que aún suele acompañar a los poetas es un antiguo cliché, que hoy no concuerda con la complejidad que alcanzan hasta las más insignificantes actividades. El principal tropiezo que experimentan en los talleres literarios los aspirantes a escritor, que han leído a medias unos pocos libros, consiste en que no pueden creer en el respaldo que necesita una página que se lee en tres minutos.
La memoria es un archivo de cosas olvidadas, que se vuelven a recordar si aparece un editor. Gracias a Alfaguara disponemos hoy de este libro, Nada es para siempre, que además de satisfacer la curiosidad que rodea a su autor, proporciona la visión final que tiene del Nadaísmo uno de sus principales fundadores, el relato de episodios incorporados a la historia nacional, la valoración de lo anecdótico y lo sustantivo en el Nadaísmo, la trayectoria de los compañeros fallecidos, y lo que todos buscan en una biografía: la aventura de una vida.
En ocasión de este reconocimiento a Jotamario, con motivo de la publicación de sus memorias, solicito la aquiescencia de ustedes para repetir dos breves poemas suyos de rara perfección, que parecen provenientes del fondo de la más antigua y refinada poesía árabe, según dictamen del riguroso escritor y crítico, a la vez clásico y moderno, doctor Eduardo Mendoza Varela.
Día gnóstico
Si sale el sol es para arruinar la cosecha.
Si se presenta la lluvia se desbordan los ríos.
Si encendemos la chimenea se quema la casa.
Si abrimos la ventana se nos entra un murciélago.
No es que el Señor haya perdido el control del planeta.
Es que mi amada está enferma.
Y este otro:
Cuando me pidieron que señalara en el mapamundi
el sitio de la Tierra donde quisiera que mi vida
se eternizara,
no puse el dedo en Providencia,
ni en Camagüey ni en Pernambuco.
Puse a girar la esfera mientras pienso
dónde estarás.
Biblioteca Pública Piloto · Medellín · 27 de junio de 2002